Parece que hemos entrado en una especie de cierto sosiego en el mundo político, creo incluso que a partir del segundo trimestre del 2010 cuando el PIB estatal tenga ya números verdes comenzaremos a retomar la senda de la normalidad, será para entonces cuando todas las barricadas dialécticas que ha interpuesto el PP a la vida social y política de la Comunitat se van a ir deshaciendo como un azucarillo. Pero el futuro es eso futuro, y creo sinceramente que a las miles de personas que sufren las consecuencias de todo esto que estamos pasando les da exactamente igual todas estas cuestiones, porque ellos lo que viven es presente. Y presente son, entre otras muchas cosas los presupuestos de los diferentes gobiernos, y presente son también las expectativas de futuro. Y ninguna de estas dos cosas para las personas que vivimos en la Comunitat Valenciana son nada halagüeñas.
Los presupuestos vienen con un recorte importante, con poca capacidad de endeudamiento, porque debemos más que Alemania después de la guerra, y no tenemos claros los caladeros de recursos económicos, no podemos subir los impuestos autonómicos, porque estamos casi a la cola de la recuperación económica en España. Vamos en definitiva, cuando vienen malas cosechas, sólo los que guardaron tuvieron para arrancar cuando escampó el mal tiempo.
Y en esas estamos cuando entre crisis y crisis observo la situación del Valencia C.F., equipo de mis alegrías y penas, que por fin es gobernado con sentido común, atendiendo a la realidad de una gestión pasada infame que lo ha colocado en la lista de los clubes más endeudados de Europa, y que como consecuencia de esto no va a tener más remedio que planear una economía de guerra, que deberá vender a sus mejores jugadores, para poder simplemente sobrevivir, esperando tiempos mejores que le hagan recuperarse para volver a ser un club solvente. Y viendo esta realidad futbolera, qué quieren que les diga veo a la Generalitat y al Ajuntament y la comparación me sale a la primera, hemos gastado dinero en fichajes poco o nada rentables, hemos especulado con el suelo, hemos jugado a utilizar a la sociedad en beneficio de entidades privadas, y sobre todo hemos puesto “a la venta”, dos de los que eran nuestros mejores activos la enseñanza y la educación. Y esto sí que es Presente.
Llega la hora de aclarar muchas cuestiones, ya creo que la “broma” de los trajes ha dejado, por desgracia, de ser un broma, para convertirse en la punta de una desagradable iceberg de detritus. Hoy día 7 de octubre a dos días del 9 d’octubre, día de la Comunitat Valenciana, volvemos a ver como Diputados, Consellers y President (Honorables Senyors i Molt Honorable) se han aprovechado del dinero de todos los/as valencianos/as, a través de una red de comisionistas corruptos, para financiar su partido y de paso conseguir alguna que otra “bagatela” del estilo de trajes, coches, relojes y vete tú a saber cuántas cosas más hay escondidas entre 17.000 páginas de sumario.
Como decíamos ayer, no puedo por mucho que lo pudiera intentar desembarazarme de mi visión de las cosas de una perspectiva histórica, intento introducir personajes históricos conocidos que, a modo de metáfora, ayudan a dibujar mejor la psicología del personaje actual que pretendo explicar. Me interesan más que las personas, los personajes, el papel social que desempeñan con respecto al resto de la sociedad. De lo contrario pasaría por ser un mero chismoso digno, o no, de cualquier programa del corazón. En varios artículos he comparado a Rita Barberá con el Rey Sol, Luis XIV, por su absolutismo y porque creo que su política de todo para el pueblo pero sin el pueblo, se sucede día tras día, y donde la frase L’État, c’est moi (El Estado soy yo) pronunciada por el absolutista rey francés se puede aplicar perfectamente a la Ciudad de Valencia, la ciudad soy yo. Nada de esto tiene pinta de cambiar.
Hoy he visto a la crisis, la he visto de frente, con mis propios ojos. No tiene ningún aspecto particularmente destacable, no es un ser amorfo, no tiene la pinta de la muerte con su guadaña, no es un monstruo de siete cabezas. Es más bien bajita, melena negra no muy cuidada, se nota que hace tiempo que no va a la peluquería, calza zapatillas baratas de mercadito, pantalones finos de tela y camiseta blanca. La crisis tiene hijos y marido, que por suerte trabaja, pero a la crisis hoy le han cortado la luz. Hoy la he visto caminar sin rumbo, desconsolada como la loba que no es capaz de dar alimento y protección a sus crías, con la supervivencia en entredicho. Ha venido a mi centro de trabajo, nos ha contado su historia, la crisis nos ha visitado. Mientras desde el trabajo veía como se alejaba, me quedaba una tremenda sensación de impotencia, cuando todavía la veía de lejos, algo ha distraído mi atención. Era otra vez la crisis, había mutado en un hombre de apenas 40 años, esta vez con hijas y negocio propio, o eso al menos creía yo. Hoy la crisis en su segunda visita me ha dicho que se queda sin negocio, que no puede soportarlo, que su sueño se ha roto en mil pagarés sin cobrar. La crisis tiene mil caras, se trasmuta en tantas como personas la sufren, unos tienen la suerte de verla de lejos, otros viven con ella, se levantan, desayunan, comen, cenan y hasta ven la tele con ella. Además la crisis tiene nombre y apellidos, se disfraza de índice o de porcentaje de vez en cuando, pero eso es sólo un disfraz, su pinta habitual, es la que podría tener cualquiera de nosotros. La sociedad necesita atención, necesita gente responsable que se centre única y exclusivamente en los principales problemas de ciudadanía, no necesita gestores del éxito, necesita solucionadores de problemas, necesitas más que nunca gobernantes, de esos que ven más allá de nuestras propias narices, porque para ver lo que tengo delante de mis ojos, ya estoy yo.
Rita siempre es de las que piensa que el mejor ataque es una buena defensa, vamos, que si fuera entrenadora de fútbol hubiera sido de la escuela de Cruyff. Pero sin arte ni estética, a lo bruto. Ahora por primera vez, asoman por el ventanuco de su Versalles, donde la “reina” tiene instalada la corte, “supuestos” casos de corrupción, viendo esto y lo que le está pasando al pobre Mariano (Rajoy), ha optado por tirar por la calle de en medio y embestir con el ventilador. “Si nosotros lo somos, vosotros más, ¡qué carajo!”. Flaco favor le hace esta señora a la democracia y a la política, pero es que estos y aquellos dirigentes del partido popular son personas dedicadas a otros quehaceres que por ¿hobby? o ¿filantropía?, se acercan a la administración pública para gestionarnos mejor que nadie lo pudiera hacer nunca. La política para ellos no es más que un obstáculo (indaguen en un apolítico y verán como seguramente es votante de la derecha). Por este motivo, no les importa desprestigiar ni la política ni la acción política para salvar la cara, cuando para salvar la cara y la conciencia, lo que hay que hacer es castigar al corrupto, esté dónde esté. Pero volviendo a nuestro “rey Sol” particular (la ciudad soy yo), ella siempre ha estado con todos y con nadie, corrió como nunca entre bastidores cuando Zaplana se fue, para conseguir ser la candidata a la Generalitat, ella lo negará siempre, le salió a medias colocó a su delfín, soñó con ser ministra en las primeras elecciones a las que se presentó Mariano (Rajoy) y todos sabemos como acabó aquello, en las últimas elecciones también tuvo el mismo ofrecimiento, pero como la señora tiene olfato rechazó la oferta. Ahora embiste violenta contra cualquier insinuación de corrupción … tiene olfato.
La libertad de expresión es un derecho reconocido y protegido por nuestro ordenamiento jurídico, pero también lo es el derecho a la información. A partir de una serie de noticias aparecidas esta semana pasada en el Levante-EMV se reflejan una serie de insinuaciones sobre diferentes personas e instituciones y sus implicaciones para con la Cooperación para el desarrollo. El tratamiento de tales noticias arroja dudas sobre estas instituciones y los proyectos que ejecutan en los países pobres del planeta, dejando entrever un ámbito, el de la cooperación, lleno de intrigas políticas que dañan a un sector en permanente estado de alerta por informaciones de este tipo o similares.

